El Año de la Agricultura Familiar

El 2014 ha sido declarado por la ONU como el año de la agricultura familiar con el objetivo de fomentar las políticas territoriales de cultivo y producción que aseguren la protección del medio ambiente y de los derechos sociales. Durante los últimos años hemos oido hablar de agricultura ecológica, urbana, permacultura, etc ; y hemos asistido a un crecimiento de estas modalidades de producción agrícola como un proceso de rehumanización de los ciudadanos. Mientras tanto, así en los países orientales como en Sudamérica se han incrementado los esfuerzos por alcanzar cuotas y niveles de producción similares a los de los grandes países para tratar de subsistir en el mercado internacional. A su vez, han ido alzándose las voces que abogan por un comercio justo y el incremento de una praxis más favorable para los productores y sus tierras. Sin embargo, ¿por qué de la “agricura familiar” en este caso? ¿Cúal es el mensaje que se quiere transmitir? Parecer ser que esta matización pretende fomentar el sentido de producción agrícola para el propio sustento, tanto alimentario como propiamente económico de la familias, es decir, que sea el núcleo productor el que salga beneficiado directamente de su esfuerzo y trabajo. Se hace hincapié también en la necesidad de que se integre a la figura de la mujer en dicho proceso, como parte fundamental de la producción.  Se refleja aquí, que esta maniobra de la ONU tiene como fin tratar de regularizar y homogeneizar el complicado y diverso mundo de la producción agrícola en los países menos desarrollados. Y es que su incremento poblacional y las perspectivas de crecimiento económico para muchos de ellos, hacen temer a las instituciones internacionales que su “poder” les haga reafirmarse en ciertas tradiciones y modos de vida ya superados en otras sociedades.

Si bien acierta la organización internacional al poner el acento sobre ciertos derechos sociales que deben exigirse ya en determinados países, el término “familiar” puede resultar poco suficiente o no ser muy descriptivo de aquello que se pretende lograr. En definitva se busca proteger el derecho de los trabajadores agrícolas en un mercado en dónde todos tengan el derecho de vivir de su propio trabajo y a la vez utilizar este recurso como elemento impulsor de otros cambios. La ya mencionada posición de la mujer, el trabajo de niños, el abuso de las cadenas de producción o la sensibilización  ambiental son algunos de los ejes que componen los objetivos de la ONU. Y llegados a este punto, ¿qué tal si agricultura comunitaria? Sin querer entrar en cuestiones de linguística, el término de comunidad aglutina una serie de valores como la convivialidad, el diálogo, el arraigo y la solidaridad. Quizá sea excesivamente optimista plantear que, a partir del refuerzo del sentido comunitario (en materia agrícola), la propia inercia de dichas comunidades lleve a mejorar ciertos aspectos que a dia de hoy son reprobables. Que a partir de cambios más generales y estímulos externos, se generen dinámicas internas de cambio. Es por ello que, se plantea aquí, si el hecho de la elección del término “familiar” es el más adecuado ,o si, en cambio está perfectamente estudiado. Es decir, la política de la ONU pretende generar cambios al nível más pequeño de la escala, el núcleo familiar. Pero, ¿pretende ir más allá? Quizá no. Quizá pretenda solamente aliviar someramente la tensión de muchas comunidades agrícolas y relajar el tono de denuncia de asociaciones. Apostar por el apoyo hacia un proyecto más ambicioso, supone aceptar que el cambio debería tomar mayores dimensiones, que pasara de la concepción familiar a la concepción comunitaria. Sin embargo ello también supondría comenzar a desenmarañar el intrincado mercado de producción-intermediación-consumo que tantos estragos causa y que contribuye a mantener el statu quo.

agricultura familiarUna de las imágenes promocionales de la ONU para la campaña por el Año Mundial de la Agricultura Familiar. (Fuente: http://www.radiohrn.hn/).

Érase un vertedero

Junto a una ciudad o acaparando el espacio de un estanque, en pleno desierto o en medio del océano. Prácticamente en cualquier lugar del mundo que nos situemos, se tendrá un vertedero cerca. Sin embargo, a pesar de la gran cantidad de vertederos existentes y la cantidad de toneladas de residuos que van acumulando año a año, no se detectan fácilmente. La estratégia también tienen su hueco en este tipo de decisiones. A menudo, los vertederos se situan en espacios de difícil acceso geográfico, y teóricamente alejados de los grandes núcleos de población. Y es frecuente que esta estratégica posición los acabe convirtiendo en macrovertederos que elevan las tasas de impacto ambiental a porcentajes elevados en espacios de escasa superficie. A pesar de la voluntad por esconder estos paisajes que reflejan metafóricamente las sociedades de nuestro tiempo, nos encontramos ante un impacto que se propaga a través de tierra, mar y aire convirtiéndose así en un  problema ambiental transfronterizo. Es frecuente también que solo en los casos en los que el carácter transfronterizo se manifiesta violentamente, es cuando se da cuenta o se informa sobre el peligro de estas áreas “inexistentes”. Solo cuando se ven amenazados determinados sectores salta la alarma que pone en marcha todo el engranaje, que también implica a los medios de comunicación, quienes tienen un papel relevante en este tema. Asistimos a menudo a un proceso de desinformación en el que se nos transmite la existencia de estos espacios de una forma puntual y a causa de algún acontecimiento grave. La cobertura puede durar una o varias semanas hasta que se desvanece en los archivos de los medios. No existe una continuidad o un seguimiento riguroso de aquellos problemas de externalidades ambientales de los que se nos informa. Pese a la continua denuncia de comunidades afectadas o de las instituciones ambientales internacionales, los problemas ocasionados por los macrovertederos caen en el olvido mientras los residuos continuan deambulando por estas ciudades de basura.

Hoy en este blog se pretende rescatar algunos de los casos que han sido meditizados en los últimos años para sabér en qué punto se encuentran actualmente estos vertederos que ya han sido archivados en las hemerotecas.

1. Jardim Gramacho- Rio de Janeiro (Brasil).

Hace unos años saltaba a la palestra de los medios de comunicación el macrovertedero Jardim Gramacho del Estado de Rio de Janeiro (junto a la localidad de Duque de Caixas) gracias al documental “Lixo Extraordinário“(2010). En dicha obra audiovisual promovida por el artista plástico Vik Muniz se mostraba la vida de un grupo de “catadores de lixo” (recogedores de basura) que vivían, como cerca de otras 5.000 personas, de realizar trabajos de recogida de residuos en lo que era hasta entonces el mayor vertedero de residuos sólidos de Sudamérica. El documental mostraba la precariedad de este tipo de trabajo, el riesgo para la salud de los trabajadores y de comunidades aledañas así como nos involucraba en la participación de algunos de estos trabajadores en el proyecto  artístico de Vik Muniz. Su impacto en Brasil y otros países fue tal que muchos medios centraron su atención en Jardim Gramacho haciendo que las autoridades competentes sufrieran una gran presión internacional. Sin embargo, tras el estruendo inicial y las promesas pertinentes poco se volvió a saber de este caso en los medios generalistas.

Jardim Gramacho 2 Jardim Gramacho

Imágenes del vertedero “Jardim Gramacho” en la localidad de Duque de Caixas-Rio de Janeiro-Brasil (Fuente: conversanobanheiro.wordpress.com).

En la actualidad el vertedero se encuentra oficialmente cerrado. Tras la repercusión del documental fueron muchos los anuncios de desactivación del vertedero por parte de los dirigentes cariocas. La alarma generada desató una inestabilidad en la toma de decisiones que llevó a un cierto bloqueo operacional. Finalmente en junio de 2012 se cerraría este peligroso vertedero a cielo abierto que suponía un grave riesgo para la salud de millones de personas. No obstante, el problema no ha hecho sino que desplazarse pues toda la basura que llegaba a Jardim Gramacho se trata ahora en la Central de Tratamiento de Seropédica que forma parte del lavado de cara del estado de Rio de Janeiro en vistas a los Juegos Olímpicos de 2016. Además gran parte de los trabajadores del antiguo vertedero se encuentran en exclusión social, lo cual añadido a la ya cruda situación de partida, hace bastante difícil su integración y la existencia de cualquier perspectiva de futuro.

2. Isla Thilafushi (Islas Maldivas)

En el entorno paradisiaco de la Islas Maldivas también se encuentra uno de los casos más curiosos sobre vertederos y gestión de residuos sólidos. Tradicionalmente asociadas al disfrute vacacional con sus exóticos paisajes, aguas cristalinas y hoteles de lujo, las Islas Maldivas no incluyen en su catálogo de vacaciones ninguna visita a la Isla de Thilafushi, el vertedero del archipiélago. A pocos km al oeste de la capital Malé, Thilafushi se presenta como un pequeño islote al cual van a parar todos los residuos que la infraestructura hotelera genera. Debido a la gran afluencia de turistas que estas isla reciben al año (se calcula que sólo cada semana se alcanzan cifras de entre 8.000 y 10.000 visitantes) la isla crece en tamaño a causa de la continua recepción de basura que no cesa de llegar y de la que se hacen cargo inmigrantes de Bangladesh sin formación ni procesos sistemizados de tratamiento.

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A la izquierda una panorámica de la Isla de Thilafusi y a la derecha una imagent de los montones de residuos acumulados en la isla (Fuente :http://bashny.net).

3. El vertedero del Pacífico Norte.

He aquí un vertedero móvil. Considerado como uno de los mayores vertederos del mundo, esta isla de basura flota en el Océano Pacífico desplázandose de un lado a otro en función de las mareas y corrientes. Entre las costas de Japón y la coste oeste estadouniense, este gran gigante de desechos arrasa con todo lo que encuentra a su paso, poniendo bajo seria amenaza a las Islas de Hawai en determinadas épocas de los últimos años. Afecta sobretodo a aves y mamíferos marinos e introduce en la cadena trófica compuestos plásticos o metales que hacen aumentar el riesgo de mortalidad en algunos grupos de animales. Además afecta notablemente a la calidad de las aguas y del plancton disponible. Su gran tamaño y la dificultad para predecir sus movimientos provocan que no haya ningún proyecto exclusivamente dirigido a gestionar esta gran mancha. Cabe recordar que el giro de corrientes del Pacífico Norte retroalimenta el movimiento del vertedero y crea una inercia que favorece su extensión. Junto a ello se añade el eterno conflicto que existe entorno a las denominadas aguas internacionales y la internalización de responsabilidades e impactos en este tipo de casos.

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A la izquiera un esquema sobre la situación del vertedero en el Pacífico Norte y la dirección de las corrientes y a la derecha una fotografía sobre uno de las “colas de basura” del mismo. Fuente: http://www.periodistadigital.com/.

La reconquista del solar

Se busca solar. Durante estos últimos años son muchos los espacios que se han entregado a la maleza, la oxidación y al desgaste del paso del tiempo. Como metáfora de una sociedad abandonada a su suerte, los solares de muchas ciudades representan un aire de decadencia que simboliza la crisis estructural, no tanto coyuntural, que se atraviesa. Son ya habituales del skyline a pie de calle de nuestras urbes y transmiten una sensación de ineficacia y estancamiento, de que algo no se ha hecho ni se está haciendo bien. Espacios residuales sin un destino concreto aparecen en cada calle, a menudo entre bloques de viviendas, esperando un uso, una ocupación que vaya más allá de la de patrimonio artístico de la decadencia.

Y es que tras el boom inmobiliario aún no se ha resuelto el complejo problema del suelo. Su gestión, especialmente en suelo urbano, nace como una rama de estudio e intervención que en origen pretendía servir a una función social de compensación para evitar plusvalías y el abuso por parte de propietarios. Una ejemplar muestra de la esencia de esta gestión son algunos de los períodos de desamortización llevados a cabo durante el siglo XIX. Ya entonces  se empezó a considerar al territorio como un elemento al servicio de la sociedad para contrarrestar la mercantilización y la especulación de los grandes terrratenientes. Y quizá el handicap es que precisamente se mercantilice el suelo como se hace con los procesos de importanción-exportación o las transacciones financieras. No obstante, cambiar esto supondría pasar por un proceso revolucionario costoso y duradero pues es prácticamente imposible e utópico trasladar todo el stock a manos públicas. Pero sí debería ponerse más énfasis en acciones de compensación que tengan como objetivo reequilibrar la balanza hacia la justicia social. Y esto solo se conseguirá desde los poderes y administraciones públicas que se guían por la prevalencia del interés general. Recientemente se promulgó la Ley 8/2013 de rehabilitación, regeneración y renovación urbanas (las otras 3R’s), que si bien se centra en acabar con el proceso de expansión de espacios urbanos hacia el exterior y enfoncándose en rehacer las ciudades desde dentro, aboga por una gestión prácticamente privada y por apoyarse en la reconversión de otros sectores como el turismo o el mercado de la eficiencia energética. Es por ello que, a pesar de las buenas intenciones y la necesidad de un proyecto legislativo de este tipo, su falta de incidencia en otros campos puede hacer que desemboque en una ley parche.

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Imágen del solar en El Parche (Avilés) y de un solar abandonado en la ciudad de Sevilla (Fuentes: http://www.ine.es/ y http://www.sevilla.org/urbanismo).

Resulta paradójico observar el carácter baldío de estos solares sin función alguna mientras en las afueras de las ciudades hay metros y metros cuadrados de zonas urbanizadas deshabitadas. Este contraste es la viva imagen de la fragmentación territorial: por un lado tenemos áreas metropolitanas fantasmas que han caído en manos muertas y, por otro, agujeros negros carentes de identidad y funcionalidad en el propio entramado urbano. Ante el inmovilismo administrativo, son bastantes y diversas las iniciativas populares de recuperación de estos espacios para el fomento de la convivencia y para llevar a cabo propuestas dignas. Como viene siendo habitual, es de la mano de ciertas asociaciones civiles, fundamentalmente vecinales, a partir de las que surgen iniciativas que bien podrían considerarse como parte del “lobby urbano” y mediante las que se resiste al abandono en cualquiera de sus sentidos. Generalmente son proyectos que abren espacios de encuentro entre vecinos para actividades educativas, culturales, de ocio, etc. Lo inquietante del asunto, no es que se desarrollen este tipo de propuestas alternativas, sino la falta de estrategia desde un nivel superior. La tímida gobernanza que emana de la renovación y recuperación particular debería ir acompañada de cierta coherencia dada por una planificación territorial acorde a cada ciudad. Asistimos con toda naturalidad a la reconversión de terrenos para aparcamientos públicos o para la construcción de infraestructuras cuando la calle debería revelarse como un derecho público, derecho al disfrute y uso responsable de la misma y de sus infraestructuras sin cabida para el juego fiscal. Esta falta de perspectiva y prospección no puede desembocar en una verdadera ordenación y planeamiento guiados por la cohesión y el acoplamiento entre espacios y servicios.

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A la izquierda una imagen del cine de verano programado para el Solar Corona (Valencia) y a la derecha una fotografía del proyecto de arte urbano Encaja_dos en Barcelona (Fuentes: http://solarcorona.wordpress.com/ y http://lagaleriademagdalena.com).

Zonas de mucho y zonas de poco. Barrios con alma y barrios desangelados. La distribución de insfraestructuras y servicios en las ciudades no es sino un reflejo de la polarización territorial. Grandes núcleos de influencia que actúan de polos de atracción y de generación de ideas frente a áreas deprimidas y despobladas. No obstante, hay pequeños cambios y se están produciendo en los solares. De forma análoga a la idea de que con pequeñas acciones u acciones locales se irá generando el cambio global, la reconquista de estos espacios abandonados puede dar lugar a políticas que garanticen la cohesión y formas de planificación consensuadas y participadas. La recuperación del solar puede trasladarse psicológicamente a la apertura de un espacio de entendimiento en la brecha abierta entre ciudadanía y administraciones. Aprendamos de los pequeños detalles, de cada pincelada, de cada pequeño gesto pues en ellos está la esencia de las grandes composiciones.

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Imagen del proyecto  de reactivación urbana “Esto no es un solar” puesto en marcha en la ciudad de Zaragoza. (Fuente: http://estonoesunsolar.wordpress.com/).

Enología: paisaje y desarrollo

La activididad vitivinícola encierra una sugerente mezcla de actividad agroeconómica, tradición y desarrollo rural que permite “tirar del carro” en diversas regiones de nuestro país. De hecho, en muchos casos se la considera el motor económico de algunos territorios y el eje sobre el que se mantiene la cohesión territorial de estas mismas zonas. Además, debido a que se localiza frecuentemente en comarcas del interior o rurales, permite aumentar la resistencia frente al duro enemigo de la centralización que es cada vez más intenso pues las principales capitales y polos industriales parecen absorber toda señal de actividad económica. La Rioja, algunas comarcas de Cataluña, El Bierzo o la comarca de Utiel-Requena, son algunos ejemplos de que el cultivo de la vid, así como sus costumbres y formas de vida asociadas, puede convertirse en marca de identidad e identificación del territorio. La cosecha del vino en el área mediterránea se remonta incluso a antes del periodo helénico, pues ya en la civilización egipcia se cultivaba aunque poseía una gran carga simbólica y su “consumo” estaba ligado a aspectos religiosos llegando a representar ciertos atributos de divinidades o siendo ofrecido a los hegemónicos sarcófagos. En la actualidad se ha convertido en una de las actividades agrarias de mayor producción y proyección y todo ello gracias a la irrupción del turismo y de la hostelería que han puesto sus ojos en estas comarcas para desarrollar nuevas ideas de atracción turística. Si el mercado vitivinícola se ha revalorizado en la última década es en parte gracias a la promoción del enoturismo, que puede enmarcarse tanto dentro del turismo rural como del llamado turismo gastronómico. A su vez, el mayor  interés por el vino en los consumidores finales y la proliferación de iniciativas particulares, distribuidoras y comerciantes han hecho que los beneficios de este sector hayan aumentado en muchos casos a pesar de la desfavorable posición en que les deja la Política Agraria Común con respecto a otras regiones de Europa. No obstante, se ha hecho evidente el conflicto entre la corriente más romántica y nostálgica con respecto a la postura más comercial o estratégica. El cultivo de la vid, las bodegas o la vendimia constituyen rasgos identitarios de una cultura bajo los que se identifican muchas comarcas, familias, etc. Son rasgos de un territorio, de una historia, hasta el punto de poder ser considerados como un patrimonio de dichas zonas. Las voces que abogan por un cambio global en el sector consideran que ciertas bodegas actúan de freno para que se desarrolle un tejido empresarial más fuerte de la mano de la hostelería y el turismo, lo cual dificulta la promoción del producto. Del otro lado, algunos viticultores se apoyan en la tradición, en el trato más personal y cercano a la hora de vender el vino y en que exista un beneficio palpable y próximo para su bodega y por extensión para sus vecinos. De esta forma se plantea la disyuntiva de qué camino seguir. Se ha comprobado que la revitalización de esta actividad a través de cierta “industrialización” está reportando beneficios tanto a grandes productoras como a pequeñas bodegas y a su vez está fomentando la cohesión territorial pues actúa como recurso contra el envejecimiento de la población y el éxodo rural. Sin embargo se teme que una práctica y unas costumbres tan arraigadas terminen por desvirtuarse a causa del “business”.

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Vista de un cultivo de viñedos en línea en Cataluña (Fuente: http://www.acenologia.com)

Se ha hecho referencia antes a la cohesión territorial derivada de la gestión vitívinícola en algunas zonas de nuestro país. En ello tiene mucho que ver su paisaje, su forma de ocupar el territorio y de mostrarse ante los sentidos de todo lugareño o mero visitante. La singularidad de las tierras de viñedos es paradoxal pues combina tanto unidad como diversidad de tal forma que se nos presenta como algo coherente, más o menos armónico y totalmente reconocible. Actualmente la superficie dedicada al cultivo de la vid representa algo más del 6%, lo cual no es nada desdeñable. Considerado como un paisaje rural (debido a su localización) o cultural (si se asocia a toda la tradición de cultivo y producción) su autenticidad hace que conectemos con prácticas y formas de vida ancestrales. Junto a los propios cultivos se ha creado una marca arquitectónica característica y que se puede observar en la similitud de construcciones, formas y materiales de bodegas, caserones, etc. Si es cierto que la progresiva mecanización para el proceso de vendimia, los alambrados de apoyo que ya se han implantado en muchas tierras o el diseño de modernas bodegas o complejos hoteleros reducen en parte su encanto e inocencia. La sucesión cromática estacional, el olor de los terrenos arcillosos mojados, el efecto mosaico de los cultivos de laderas o los grupos de familias y trabajadores que se aunan en la época de la vendimia son aspectos que deben ser preservados como el mayor monumento de una ciudad o la reliquia más antigua de un yacimiento. Ahí es donde se produce la conexión entre el medio ambiente, la sociedad y el propio desarrollo. Son en esos pequeños momentos donde la chispa del bienestar se enciende timidamente.

Ahora bien, ¿cómo gestionarlo? ¿Cómo mantener y hacer duradera una actividad intentando no destruir su esencia?¿Es el proceso de industrialización de la actividad vitivinícola un continuo en el qué poner un límite o, sin embargo, una vez dentro el camino no es otro que el del devenir de los mercados? Todo el enoturismo empieza o se fragua en cada vid plantada y en cada barrica tratada en la bodega aunque éste puede actuar de motor de promoción y transmisión de la cultura del vino retroalimentando la actividad. Pensemos por un momento en el algodón, la cebada, el trigo o la caña de azúcar; productos de cultivo ampliamente consumidos y cuya dimensión de distribución ha transformado por completo el panorama de producción. Los precedentes justifican el recelo de algunas bodegas ante lo desconocido, ante una expansión, que si bien de momento se ha mostrado positiva en el balance, es aún incierta y con síntomas de cercanía al “boom” cíclico que acompaña a todas las modas. No obstante, por qué no tender puentes? El aislamiento y la falta de apertura nunca han sido buenos compañeros de viaje. Es más, diversas iniciativas de enoturismo reflejan otra forma de proceder, que otro tipo de crecimiento es posible. Incluso la relevancia de esta actividad ha provocado que la enología tenga su hueco en centros de educación al igual que su dia ocurrió con la minería, o más recientemente con las energías renovables. Pero el miedo a que se expriman las tierras y sus habitantes sigue presente y es inevitable en los tiempos que vivimos. Y es que ¿estamos preparados para emprender caminos de sostenilidad sin habernos desecho de los retales de la catarsis inmobiliaria? ¿Se estará buscando otro nuevo filón?

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A la izquierda una fotografía de tierras de viñedos en la comarca del El Bierzo (León) y a la derecha una imagen de cultivos de vid en les Terres del Alforins en Valencia (Fuentes: http://www.miradasalbierzo.blogspot.com y http://www.uv.es).

The High Line Park of New York: cuando la naturaleza redefine la identidad.

Inaugurado en 2009, el High Line Park of New York se ha convertido en un modelo de recuperación de espacio público en suelo urbano a la vez que se ha convertido en otro de los principales atractivos de la ciudad. Cuatro millones de visitantes al año pasean por este parque elevado que aún tiene pendiente finalizar el tercer y último sector hasta la avenida 33 en lo que se conoce como West Side Rail Yards. Vanguardista, minimalista y acogedor, el High Line Park se alza sobre las avenidas como un rara avis dentro de la ciudad de los rascacielos.

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Vista aérea de una de las pasarelas e instantánea de una de las plazas del High Line Park (Fuente: Iwan Baan http://www.thehighline.org/).

El parque urbano se asienta sobre la estructura de un antiguo rail de trenes de mercancias elevado que recorría la parte baja de la  Isla de Manhattan transportando materias primas y alimentos a las plantas y naves que allí tenían sus centros de producción. Uno de los aspectos más interesantes de esta moderna iniciativa es conocer el pasado de estas vías ahora convertidas en espacio de esparcimiento. El origen de la construcción de un sistema viario que fuera por encima de las avenidas estuvo precisamente en el congestionamiento producido por la proliferación de vehículos en el  bajo Manhattan y el elevado número de muertes por atropello que ocasionaban los trenes a su paso por la calzada. La Revolución Industrial había pegado fuerte en una Nueva York pujante y llamada a ser una de las urbes dominantes a nivel mundial. Muchas fábricas y empresas se situaron en la zona oeste de la isla con el consiguiente crecimiento del tráfico rodado. Los primeros coches particulares, carros de transporte y viandantes convivían en calles que aún carecían del asfalto que hoy conocemos. A ellos se les sumaron los trenes que transportaban mercancía para las fábricas y que trataban de agilizar el transporte en una ciudad que poco a poco iba aumentando su caos. Este carácter caótico se manifestaba en un elevado número de atropellos lo que le valió a la 11ª Avenida el sobrenombre de “Death Avenue“. De esta forma, las autoridades de la ciudad decidieron llevar a cabo el proyecto de construcción de un sistema de railes elevado que redujera el riesgo en el viario, dentro del proyecto global “Westside Improvement“. Fue así como entre 1929 y 1.933 se construyó “The High Line”, una gran infraestructura de acero que modernizaba más aún la ciudad.

3250737625_6c27d4032f_b  Sin embargo, como en la mayoría de áreas industriales, también en la gran manzana se vivieron tiempos de cambios y sobresaltos ante los acontecimientos del siglo XX. La Segunda Guerra Mundial influyó en la competitividad a nivel industrial, debido a la fuerte competencia que suponían otras áreas productivas como Detroit. La proliferación de autopistas interestatales junto con el crecimiento de la “truck industry” hizo que muchas factorías se trasladasen a las

3250738107_84884c68fb_b afueras de la ciudad para conseguir mejores balances y reducir los costes de transporte. Este fue el germen que provocó el paulatino abandono del High Line y que dio paso a que las malas hierbas y plantas “salvajes” se fueran adueñando de las vías. La aclamada estructura de acero de los años 30 caía en el abandono mientras que la  maleza se iba apoderando de ella.

Fotografías de archivo del High Line durante los años 30. (Fuente: http://www.thehighline.org/)

A finales de los años 90 ante los rumores de posible demolición, una iniciativa vecinal ejerció de lobby para que se recuperara este espacio planteandolo como un proceso de preservación de patrimonio arquitectónico y de conversión en un lugar de convivencia. Fue así como surgió la idea de convertirlo en un parque urbano moderno y funcional y como se creó la asociación “Friends of High Line Park“, una comunidad vecinal que se encarga de gestionar y promover el parque. No se puede decir que este proyecto haya regenerado o cambiado la cara a los distritos de West Chelsea o Meatpacket (son los dos sectores que acogen en mayor porcentaje el proyecto) sin embargo si actúa de elemento revitalizador de los mismos al haber integrado en sus calles un espacio para el ciudadano. Si bien ha tenido que ser a modo de parque “suspendido”, el viandante deja de tener dicha condición para asumir la que únicamente debería existir, la de ciudadano, y como tal poder hacer uso de los espacios públicos de la ciudad. Desde su apertura en el año 2009, la vegetación ha ido ganando terreno  en el parque y se combina con el mobiliario urbano para conformar una especie de remanso en una de las mayores ciudades del mundo. Sin olvidar que se encuentra en uno de los mayores exponentes de la voracidad urbanizadora, esto no debe desviarnos en el análisis de un proyecto de parque urbano que tiene como objetivo recuperar un espacio de encuentro y de interacción social. Los vecinos y visitantes han ido haciendo suyo el parque haciendo que el paseo a través de sus pasarelas se convierta en una especie de museo urbano en el que visitar rincones, observar paredes, vistas a las avenidas, etc; invitando a recorrerlo de una punta a la otra.

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Imágenes de murales de arte urbano junto al High Line Park (Fuente:http://abrindoobico.com).

Atracción turística mainstream, vanidad urbana o ejemplo de regeneración; a partir de aquí cada uno puede sacar sus propias ideas, conclusiones, etc. Dotar de más elementos confortables y naturales a las ciudades acaba por ser beneficioso en términos de bienestar e implicación social. Naturaleza representada por elementos naturales como la vegetación o el agua, así como naturalidad entendida en el sentido de modo de proceder, de forma de entenderse. En Nueva York se ha logrado abrir un área que permite al ciudadano serlo, sin correr y sin tener que mirar para los lados, o sin tener que sentirse en peligro. No obstante, se trata de un espacio aéreo por lo que sería recomendable que tal caso se materializara también a ras de suelo. Favorece notablemente la convivencia pues permite el acercamiento entre personas y rompe con la frialdad de los vehículos.Se consigue respirar vecindad y ciudadanía. Es el High Line Park. Sí, en Nueva York.

La deriva litoral

Recorriendo la costa mediterránea española de norte a sur, en el sentido de la deriva litoral, uno puede ir contemplando hasta dónde han llegado los efectos del tsunami urbanizador de nuestro país. Resultado de un modelo económico diseñado para lograr la máxima producción inmobiliaria, la vorágine urbanizadora y edificadora ha banalizado el paisaje de nuestras costas a base de ladrillo y cemento. Este fenómeno no se limita exclusivamente a la primera linea de playa y la zona de servidumbre sino que también ha invadido parte de las zonas de baño y la zona marítimo terrestre. Los espigones son a nuestras costas lo que las rotondas a nuestras vias de circulación. Paradójicamente, el proceso de urbanización ha ido extendiéndose a modo de mancha hacia el interior ante la saturación de las poblaciones más cercanas al mar. Se ha creado de esta forma un segundo frente de complejos residenciales, hoteleros e infraestructuras que solo ha sido frenado por el actual contexto económico.

Prácticamente desde la mitad del siglo XX, el motor  de nuestra economía y producción ha sido el sector de la construcción de la mano del turismo de sol y playa. Fue entorno a estos dos ejes sobre los que giró la salida de la posguerra, del estraperlo y de la autarquía económica de los primeros años de la dictadura. Medio siglo después se seguirían reproduciendo esos mismos patrones aunque con un país en plena democracia y con altas tasas de crecimiento económico. Y es que a pesar de la gran evolución del país durante estas décadas, el urbanismo había quedado anclado en el desarrollismo creyendo que el crecimiento permanente e ilimitado es posible. Si a ello se le suma una tasa de inmigración hasta entonces desconocida, se obtiene la mezcla de factores perfecta para entender cómo se desencadenó todo. La legislación en materia de ordenación del territorio y urbanismo tendía a ser débil, imprecisa y benevolente. De hecho, en la Ley de Suelo de 1.998 se reconocía la posibilidad de recalificación del suelo declarado como suelo no urbanizable de régimen común. Se abrió la veda para la apropiación y transformación del territorio. Además la alta deuda hipotecaria, la llegada del euro y la ausencia de alternativas de inversión equiparables permitían una revalorización continua y la obtención de beneficios a corto plazo. Siempre el corto plazo. Junto a ello se observa una clara falta de sensibilidad con respecto a la armonía paisajística, el desequilibrio costa-interior o la presión que se ejerce sobre los ecosistemas litorales y costeros. Se optó por poner precio al paisaje del litoral en favor de la rentabilidad inmobiliaria y en detrimento de la calidad de vida. Frecuentemente se observan imagenes publicitarias turísticas en donde se puede observar como “lo urbanizado” se asocia siempre a valores positivos, a un turismo de calidad y al disfrute de las vacaciones. A lo largo del tiempo se ha repetido este patrón de marketing, no obstante en los últimos años, ante la diversificación de la demanda y la mayor restricción legal, parecen ensalzarse más los atributos más naturales.

VACACIONES EN LA COSTA BLANCA

Costa azahar

                                                                                                                                                                                                                                                                                       

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Carteles promocionales de la Costa Blanca y de la Costa del Azahar respectivamente en los qu se observan como la urbanización se asocia a un modelo turístico y de calidad de vida.

El resultado más palpable, como ya se ha dicho, ha sido la  mercantilización del paisaje litoral. Pueblos de costa repletos de edificios altos, colinas y acantilados ocupados por urbanizaciones, carreteras a pocos metros de la costa o puertos sobredimensionados son algunos de los ejemplos. Lo más preocupante de todo ello es su carácter irreversible, cómo revertir todo ello a su estado inicial, cómo recobrar esos valores perdidos. Volver atrás es imposible, sin embargo no es menos difícil su gestión puesto que aunque hablemos de objetos inertes, están habitados y dirigidos por personas, a las que solo se nos puede recriminar el haber mirado hacia otra lado y ser parte implicada (aunque sea indirectamente) del “laissez-faire” que dominó nuestro litoral durante esos años. El paisaje quedó relegado a un puro aspecto visual y como mero recurso de atracción y aumento de la plusvalía. Es por ello, que tras haber ocupado intensamente las franjas más cercanas al mar, la altura de los cabos o atalayas fue el reclamo perfecto para garantizar nuevas promociones y continuar con el “Brick Rush“. A final del 2006 se alcanzó la tasa de 20 viviendas por cada 1000 habitantes, muy superior a la del esto de Europa y especialmente elevada en zonas de la Comunidad Valenciana y de Andalucía. Si la franja costera más próxima al mar ha sufrido alteraciones significativas más acusadas han sido éstas en las propias playas o en la dinámica litoral. Los espigones o muros de los puertos generan un efecto de pantalla sobre la corriente de la deriva litoral que genera fenómenos de sobreacumulación y déficit en el aporte de sedimentos a las playas cambiando la morfología de las mismas. Además los procesos de allanamiento de estas zonas o las extracciones de arena alteran el balance erosión-sedimentación incrementando el riesgo en temporales y la amenaza sobre cordones dunares.

Diferencia de aporte espigón

Espigón Huelva

A la izquierda la desembocadura del Rio Júcar en la provincia de Valencia y a la derecha el espigón de la Isla Saltes en Huelva                                                  (Fuente: http://www.skyscrapercity.com/).

Empezaba el texto diciendo que si se hace un recorrido de norte a sur uno puede contemplar todas estas transformaciones. Esta es la dirección que toma la deriva litoral del Mar Mediterráneo en su labor de transporte de sedimentos a lo largo de las costas españolas. Es precisamente en este lugar en el que nos deberíamos poner. ¿Cómo se ven las cosas desde enfrente? ¿Como es la página frontal de nuestra costa? Al igual que esta corriente se ve interrumpida por numerosos elementos que le impiden seguir su curso natural, la imagen ofrecería una sensación de interrupción, irregularidad y fragmentación. Además conforme avanzamos hacia el sur, el fenómeno va haciéndose más intenso y por momentos desolador. A esa percepción de desorganización le acompañaría una cierta sensación de decadencia y tetricidad a partes iguales. Son varios los casos de zonas urbanizadas que aún están por terminar, de complejos aislados sin habitar o de carreteras que no llevan a ninguna parte.

Algarrobico

PArque relajación

Arriba, el conocido hotel de la playa el Algarrobico de la localidad almeriense de Carboneras ( Fuente: www.cabodegata.net/‎ ) y abajo el edificio del Parque de Relajación de Torrevieja en Alicante (Fuente: http://www.arquitour.com).

Basta con echar un vistazo a algunas de las fotos del fotógrafo de Amberes Nick Hannes, en su colección Mediterranée (http://www.nickhannes.be/flash.html), para observar algunos de los aspectos que más llaman la atención de nuestras costas, además de la visión mordaz que ofrece sobre algunas costumbres tanto de nuestro país como de otros bañados por el mismo mar. Una aproximación a la banalización a la que se ha visto sometido el litoral, un litoral a la deriva.

Jardín Botánico, el lugar de encuentro.

Los jardines botánicos de muchas de nuestras ciudades o comarcas son espacios donde conviven la evolución histórica, la investigación científica y el patrimonio artístico a partes iguales. Desde hace siglos, estos jardines, en sus diversas vertientes, tratan de recoger a modo de muestra una parte de la naturaleza de nuestro entorno (y de otros lejanos) para ponerla a servicio de los ciudadanos y de la investigación; haciendo las veces de pulmones que oxigenan ambientes cargados de cemento y polución. No solo reconfortan a los sentidos sino que también suponen un enriquecimiento del conocimiento del mundo natural y actuan de elemento sensibilizador ante las cuestiones ambientales y educativas. Cierto es que en su mayoría proceden de las etapas de colonización en la que estos espacios reflejaban cierto poder y eran utilizados como parte del exhibicionismo del dominio de cortes y reinos. Más cierto es aún que albergaban y han albergado hasta ahora especies alóctonas que han desplazado de su nicho ecológico a especies autóctonas creando desequilibrios en los ecosistemas y afectando a la diversidad de determinadas zonas. Haber querido crear durante muchos años jardines preciosistas, llamativos o exóticos ha tenido sus repercusiones y esto no debe obviarse, por lo que tampoco pueden considerarse en general el paradigma de la conservación y preservación de recursos naturales. No obstante, quizá se ejerza una presión extra sobre ellos al ponerse las expectativas por encima de lo que nos pueden ofrecer, haciendo que no se valore en su justa medida aquello que los hace más cercanos y atractivos. Sin entrar a  analizar la mayor o menor riqueza biológica o la indudable contribución al paisajismo que realizan diversos jardines botánicos, sí es relevante destacar estos lugares como espacios con funciones didácticas y educativas muy importantes, tanto para adultos como para los más pequeños. Millones de escolares visitan los jardines botánicos a lo largo de todo el mundo a través de visitas programadas. Tal vez no sea equiparable a la visita a un parque natural o a un centro de investigación, sin embargo, si sirve para sembrar la semilla de la sensibilización y acercar de manera más lúdica y amable el gusto por la biología, por la preservación de recursos y por el aprendizaje científico. En estos jardines, además de contemplar las diversas morfologías, colores o adaptaciones al medio se pueden observar los diversos nombres de las plantas, las interacciones de éstas con otros seres vivos, sus transformaciones, etc. Son grandes exposiciones vivas que abren sus puertas para que todo aquel que quiera pueda contemplar su magia.

Si el contenido de muchos de ellos ya es de por sí de un valor incalculable, más aún lo es el trabajo y la dedicación que se hace desde ellos para intentar mantener y transmitir este legado a pesar de los muchos reveses sufridos y de las dificultades que aún hoy se viven. Un jardín botánico encierra tesoros de conocimiento en forma de colecciones, publicaciones, proyectos de divulgación, etc; pero además dispone de un personal entregado dispuesto a cuidar de él tanto en lo material como en lo inmaterial. Desde sus departamentos se trabaja por mantener el prestigio de estos espacios haciendo una labor de investigación y análisis que únicamente conduce a generar conocimiento crítico por el puro placer de conocer y de saber cada dia más y más. Colecciones de semillas, laboratorios químicos, viveros de plantas o manuscritos científicos son algunos de los ejemplos de su diversidad y de su valor. Estos jardines no serían los mismos sin las tareas de divulgación. Es casi una obligación que se muestren abiertos y dispuestos a que sus visitantes y sus ciudadanos conozcan su interior y se impliquen en su mantenimiento. Reforzar los proyectos educativos y divulgar su trabajo es la mejor herramienta para asegurar su futuro, no en vano no hay mayor recompensa que la que se deriva del propio esfuerzo. Además suelen generarse comunidades científicas o consorcios de colaboración entre los diversos jardines para mantener un contacto continuo y actualizado: bases de datos, convocatorias, proyectos, financiación, etc. Un buen ejemplo de ello lo constituye la asociación entre los jardines mediterrano-atlánticos y macaronesia, que en diversas ocasiones ha recibido el apoyo y la divulgación de la BGCI (Botanic Gardens Conservation International) para así crear una red de experiencias, “feedbacks” y apoyo que haga más sólida su posición en el ámbito científico. Y como no hay nada más efectivo que completar este texto poniendo algunos ejemplos de jardines del mundo, aquí va una selección de algunos de los más interesantes:

1. Jardín Botánico de Shanghay (Shanghai Chenshan Botanic Gardens and Plant Sciences Research Center)

El jardín botánico de la ciudad anglo-china destaca por sus grandes extensiones de magnolias, azaleas, bambús y helechos. Además cuenta con diversos jardines de plantas medicinales en su interior y con invernaderos de temática específica dedicados al estudio y cuidado de plantas tropicales o de plantas desérticas. También podemos encontrar en su interior jardines de rocallas, jardines de estilo rústico de plantas rupícolas sobre sustratos gravosos o pedregosos. Dentro de sus límites, sin embargo, destaca la prácticamente intacta cantera de calcita y otros minerales que puede contemplarse desde una pasarela aérea de madera creando un ambiente que hace alusión a los grabados de chinos y su literatura clásica. Recientemente recibió el Premio de la Sociedad Americana de Arquitectura y Paisaje.

Cantera Shanghai

Vista panorámica de la cantera abandonada del Jardín Botánico de Shanghai (Fuente: http://mochiladearquitecto.blogspot.com.es).

2. Jardín Botánico de Pomplemousses (Sir Seewoosagur Ramgoolam Botanical Garden).

Situado en la zona norte de la Isla de Mauricio, su nombre es un homenaje al padre de la independencia  de la antigua colonia británica tras habersela arrebatado a Francia en el siglo XIX. Debido al fuerte carácter coolonial de este jardín y a la influencia de los acontecimientos históricos en él podemos encontrar plantas de Europa, África y Sudamérica. De hecho tan solo 25 de las 80 especies de palmeras son autóctonas de la isla mascareña. Es llamativo que exista una extensa plantación de eucaliptos lo cual se debe a la decisión de un antiguo dirigente británico, con el objetivo de reducir las zonas apantanadas para disminuir la extensión de la malaria. Sin embargo,este jardín es fundamentalmente conocido por acoger uno de los mayores estanques abiertos de Victoria amazónicamás comúnmente conocido como nenúfar de agua.

Pamplemousses Mauricio

Estanque de nenúfares de agua en el Jardín Botánico de Pomplemousses en la Isla de Mauricio (Fuente: http://www.parquesenelmundo.com).

3. Jardín Botánico de Curitiba (Jardín de Maria Francisca Garfunkel Richbieter).

Este jardín situado en la capital del estado brasileño de Paraná debe su nombre a una de las urbanistas más importantes del páis. Contiene una vasta muestra de especies de “mata atlántica”, destacando por encima de todas el palmito. Además se compone de un jardín de sensaciones, un amplio museo botánico y una biblioteca pública. El principal atractivo de este espacio de 24,5 hectáreas lo constituye un gran invernadero de cristal con tres bóvedas de estilo art-nouveau cuya construcción estuvo inspirada en el Palacio de Cristal de Londres.

Jardim Curitiba

Invernadero de cristal del Jardín Botánico de Curitiba (Fuente: http://www.parquesepracasdecuritiba.com.br/)

4. Jardín Botánico de Lisboa (Museo Nacional de Historia Natural y de la Ciencia).

Inaugurado oficialmente en 1.878, este jardín botánico aparece en el corazón de la capital lusa integrado junto a uno de los museos naturales más importantes de Europa. De su amplia colección de plantas destacan las Cicadáceas, las Gimnospermas y  una interesante diversidad de palmeras tropicales o de plantas de las islas del Atlántico norte. Además posee uno de los banco de semillas más grandes del continente y un departamento dedicado exclusivamente al estudio del comportamiento del mundo “fungi”. Actividades programadas para todo el año, visitas guiadas, encuentros, exposiciones o eventos culturales reflejan la apertura de este jardín hacia la ciudad y sus visitantes. La divulgación y el fomento de la actividad didáctica y educativa son uno de los puntos fuertes del jardín pues se da un enfoque integral y conectado de todo el trabajo científico que se desarrolla en su interior.

Borboletario

Invernadero dedicado al estudio y conservación de lepidópteros de la Península Ibérica y de plantas mediterráneas (Fuente: Sergio Barrientos Herrero-Borboletário- http://www.mnhnc.ul.pt).

Cultivos energéticos y seguridad alimentaria.

La biomasa es, junto con otras fuentes de enegía, una de las grandes aspirantes a tomar el relevo energético de los combustibles fósiles y llevarnos hacia un marco energético futuro de renovabilidad y sostenibilidad. Según la World Bioenergy Asociation existe un potencial de producción suficiente que pueda asegurar la demanda actual y futura. La procedencia de la materia prima para la obtención de bioenergía o biocombustibles es muy diversa:  residuos forestales, cultivos energéticos para biocarburantes, desechos urbanos, industriales, agrícolas, etc. La búsqueda de una alternativa para la sustitución de fuentes como el petróleo o el gas natural, deriva, en primer lugar, de la necesidad de encontrar recursos que aseguren una producción energética más duradera que la prevista actualmente para las fuentes tradicionales y, en segundo, de la cada vez mayor contaminación atmosférica provocada por emisiones de gases procedentes de la combustión de combustibles. Recientemente se ha publicado un estudio sobre las condiciones atmosféricas de nuestro país donde se muestra como existen altos níveles de óxidos de nitrógeno, de ozono troposférico y de dióxido de carbono (no únicamente en las ciudades sino también en áreas rurales) que provienen en su mayoría del transporte y de actividades industriales.

Según los datos de Avebiom ( Asociación Española de Valorización Energética de la Biomasa) en España sí existe materia prima suficiente para para producir energía de biomasa  que complemente a otras fuentes tradicionales y además sin riesgo para el medio ambiente. Se dice que existe un aprovechamiento del 38%, inferior al de la media europea situado en el 61% (especialmente en lo que se refiere a la utilización de recursos madereros). Pero no nos engañemos, ni tenemos unas áreas forestales tan extensas como las de centroeuropa, ni de todo el material aprovechable resultaría un balance neutro de emisiones e impactos ni tampoco existe una industria de la biomasa asentada y de cierto calado en nuestro país. Además, cabe resaltar aquí  el supuesto carácter renovable de este tipo de energía. En el caso de los materiales forestales o de los desechos agrícolas, urbanos e indutriales; se requiere la aplicación de diversos procesos de acondicionamiento y tratamiento que están vinculados al uso de combustibles fósiles y sin los cuales aún hoy es difícil mantener una cadena de producción energética efectiva, por lo menos a media y gran escala. Además si nos fijamos en los otros casos de origen, los cultivos, estos necesitan de un conjunto de tareas para adecuar las tierras para las plantaciones y el crecimiento de los vegetales, utilizando en su mayoría maquinaria o productos químicos que remiten a una base no renovable y por tanto no sostenible. La renovabilidad de la biomasa proviene de la capacidad de las especies vegetales para generar nueva materia orgánica a partir dela fotosíntesis, obteniéndose nuevas cantidades de carbono y manteniendo la biomasa de los ecosistemas a partir de la producción primaria. Todo ello no tiene por qué desprestigiar esta forma de energía, sino que vale para recalcar bajo qué condiciones se le aplica la etiqueta de “renovable”, lo cual es preciso para discernir sobre qué otras formas de aprovechamiento serían posibles y sobre la necesidad de construir una industria de enegías renovables que se autocomplemente para reducir la dependencia de las fuentes de energía tradicionales.

Biomasa forestal

Recogida de residuos forestales en una planta de tratamiento brasileña (Fuente http://www.globo.com).

Desde hace años han irrumpido en el sector de la agricultura y de la energía los llamados cultivos energéticos, diversos tipos de cultivos específicos cuyo cuidado y tratamiento está dirigido hacia la producción final de biocombustibles como el biodiesel o el bioetanol. La “agroenergía” tiene puestas grandes esperanzas en este tipo de técnicas pues permiten una mayor adaptabilidad en el uso de las tierras, un mayor control en el uso del agua y un coste de producción de cada unidad energética más o menos competitivo con los combustibles fósiles según el cultivo y el lugar. Otra de las ventajas es que se permite recuperar los elementos minerales necesarios para la fertilización del suelo sin necesidad de recurrir a aportes externos. No obstante, del otro lado de la balanza, también nos encontramos con algunos aspectos menos positivos: generación de grandes cantidades de vapor de agua, de óxidos de nitrógenos, cenizas, lodos, purines y aguas residuales. Algunos de los ejemplos más característicos son la caña de azúcar o la remolacha, el maíz y otros cereales, el girasol, la soja, el cardo u especies arbóreas como el sauce, el olmo de Siberia o el chopo. En algunos casos, tras observarse cierto deterioro en la calidad del suelo, se ha ido evolucionando hacia la plantación de otros cultivos menos dañinos como los del sorgo, las chumberas o cultivos lignocelulósicos (para la producción de biocumbustibles sólidos).

La mayor parte de la producción energética de biomasa a partir de cultivos energéticos se sitúa en países sudamericanos, donde podemos encontrar extensas plantaciones, de caña de azúcar (Brasil), de maíz en (Colombia) o del tupinambo (Perú y Colombia). En definitiva en estos países la mano de obra es más barata y el potencial de suelo cultivable es mucho mayor que en otras áreas como Europa. Sin embargo, el cultivo energético está desplazando poco a poco al cultivo alimentario, lo cual tiene un gran riesgo para la seguridad alimentaria. La ya desigual distribución de alimentos entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado se puede agravar si no se controla esta tendencia y se esclarecen los intereses y prioridades. El cultivo energético del maíz ha propiciado en muchos casos una subida del precio de este cereal en el marcado transnacional, haciendo que se haga más difícil el abastecimiento. Se reduce la disponibilidad de alimentos, se dificulta el acceso a la distribución de los mismos y se desvirtua la posición de la biomasa dentro del debate energético. La producción de energía procedente de cultivos no debe en ningún caso mermar la producción destinada a fines alimentarios y mucho menos intensificar el problema del hambre a nivel mundial, puesto que ante fenómenos como la subida de precios del maíz o del azúcar, los principales perjudicados acaban siendo siempre los mismos. Por otro lado, el “filón” de la biomasa está fomentando que los controles agrarios sean menos restrictivos a la hora de afrontar cuestiones como la rotación de cultivo y los fenómenos de intensificación en el uso del suelo. La sostenibilidad o renovabilidad no debe venir dada, sino que debe corroborarse o verificarse a través de todas las prácticas que integren el engranaje de producción. De nada vale producir más y más cantidad de energía térmica procedente de la biomasa si en el camino se deteriora la calidad de los suelos, se mantiene el consumo de combustibles fósiles o se externalizan los impactos sobre el sector alimentario.

Plantación tupinambo

Plantación del cultivo de tupinambo (Helianthus tuberosus). Fuente (ETSIA: Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos-UPV).

Así, sería conveniente que se pusieran los cimientos para una verdadera integración entre el sector alimentario y el sector energético, puesto que del “no acuerdo” y el “no entendimiento” ambos podrían verse perjudicados. Las reglas de necesidad de alcanzar ciertos cupos o porcentajes de producción de energía a partir de la biomasa (impuestas desde organismos internacionales o supraregionales) deberían  ser más coherentes con la realidad de los territorios de producción, los canales de distribución, los mercados y sobretodo más representativos del concepto de sostenibilidad. Es necesario estimular las iniciativas privadas y de escala local así como es una responsabilidad pública integrarlas en las políticas gubernamentales de los ministerios o poderes públicos. Para no poner en peligro la de por sí problemática cuestión de seguridad y justicia alimentaria, sería conveniente tender hacia la plantación de cultivos de uso no alimentario, de terrenos marginales o de baja rotación. Se han desarrollado ya algunas prácticas de producción de especies leñosas,  o lignocelulósicas que no intervienen en la cadena alimentaria del ser humano y que generan menos impactos ambientales en su producción: retama, chopo, “switchgrass” (Panicum virgatum), el sorgo papelero (Sorghum bicolor), etc. Si se logra poner el foco en todas estas especies que tienen un nicho específico y diferente al de la producción alimentaria y a la vez se consigue mayor cohesión sobre las localizaciones de los cultivos, las implicaciones en empleo y desarrollo económico, las teconologías de obtención de energía, el potencial de producción a largo plazo, etc; se podrá hablar entonces de la biomasa (entendida como la derivada de la “agroenergía”) como una energía renovable y sostenible que no ponga en peligro nuestro entorno o nuestra alimentación.