Las favelas brasileñas, ¿identidad o estigma?

 “Favela” es quizá una de las palabras más relacionadas o asociadas con el campo semántico de Brasil. Es, sin duda, uno de los símbolos del país tropical. Desde el punto de vista urbanístico, turístico, jurídico o sociológico; es uno de los principales focos de estudio debido a la gran cantidad de señas de identidad que albergan en su conjunto y a través de las cuales se logra conocer en profundidad la cultura y costumbres de uno de los países más atractivos del mundo. Sin embargo, en los últimos años, desde que Brasil entró a formar parte de los países que aspiran a convertirse en potencia económica mundial, las favelas han pasado a ser concebidas como un estigma, como un impedimento para el despegue económico y social del propio país.

Acontecimientos como el reciente encuentro de las Juventudes Católicas o próximos eventos como el Mundial de fútbol de 2014 o las esperadas Olimpiadas de Rio de Janeiro del año 2016, están acelerando diversos programas de transformación en ciudades y regiones, programas de mejora de la habitabilidad junto con importantes operaciones de lucha contra las bandas de narcotráfico y todo el entramado de criminalidad y tensión social que rodea a las mismas. La necesidad de dotar a ciertas zonas de unos servicios públicos básicos de calidad, la justificada intervención policial en determinados complejos y algunos de los proyectos de integración social y alfabetización se difuminan y distorsionan por causa de otro tipo de acciones en las que se mezclan intereses institucionales y privados (grandes compañías, inmobiliarias, etc) junto con los de organismos internacionales que ejercen una fuerte presión sobre todos los actores implicados.

Es necesario clarificar lo que en sí es una favela o complejo de favelas, conocer el qué, tener claro sobre qué se pretende debatir en términos objetivos. Estas zonas engloban amplios y diversos espacios urbanos de enorme complejidad, que, a rasgos generales, presentan en común ciertos aspectos como una distribución urbanística compacta e irregular, viviendas construidas por los propios moradores y sin muchas comodidades, con una falta palpable de servicios urbanísticos básicos y una nivel económico medio de sus habitantes correspondiente al de las clases más bajas de la sociedad. La favela, término que popularmente es sustituido por el de “invasão” (invasión) en el país carioca, se identifica desde el exterior con otros términos como ghetto, suburbio, chabolas, etc. Por lo general, los complejos de favelas se muestran como intrincados laberintos de construcciones de ladrillo e infraestructuras precarias (falta de red de alcantarillado o insuficiencia de alumbrado público). No obstante, y pese a que existe una demanda de mayor atención y de necesidad de mejora de las condiciones de vida de estas áreas, cabe recordar que este tipo de asentamientos es solo propio de las grandes ciudades o capitales de estado, no siendo extrapolable al conjunto de territorios de este extenso país. Si bien es cierto que en las principales ciudades (São Paulo, Rio de Janeiro o Salvador de Bahía) las favelas son habitadas por muchos millones de personas, representando más de la mitad del porcentaje de la población urbana y que en ningún caso se está hablando de un fenómeno minoritario. Precisamente por esto, debe existir un continuo esfuerzo por atender sus demandas pero sin caer en la superficialidad o en la simplicidad a la hora de establecer soluciones. No se debe categorizar o etiquetar rápidamente el estado socio-económico de estos asentamientos pues la generalización, no tiende sino a una mala gestión de los problemas cotidianos y a no reconocer la complejidad del tema tratado. Estas áreas están pobladas por una gran variedad de personas, con niveles económicos y culturales muy diferentes, aunque dentro de un rango de perfil medio-bajo, que no deben ser presentadas como excluidas, marginales o criminales ante los medios internacionales.

No hay que obviar las redes de narcotráfico, corrupción y estafa que dominan muchos de los complejos de favelas en las grandes ciudades y que coartan la vida de sus ciudadanos actuando de una forma similar a un régimen opresor, solo que a menor escala. De la misma forma que no debe obviarse el hecho de que muchas corporaciones locales y centros de seguridad hayan contribuido a mantener este sistema de corrupción y criminalidad, beneficiándose de esta conflictividad, por lo que quizá a la hora de erradicar tal situación y soltar lastre no deba existir únicamente un foco que apunte solo al interior de las favelas sino también a todos aquellos agentes externos que intervienen de alguna forma en mantener el orden establecido por estos grupos.

Candeal Rua Bob Marley

 Vista de una de las calles principales del barrio salvadoreño de Candeal (Fuente: Sergio Barrientos Herrero).

Como se apuntaba unas líneas más arriba, la proximidad de la celebración de ciertos eventos de repercusión internacional, está acrecentando la distancia que separa a los ciudadanos de los gestores públicos y privados de las ciudades. Existe una especie de presión o exigencia exterior que pretende cambiar la vida cotidiana de los habitantes de las metrópolis brasileñas, teniendo por objetivo crear en un tiempo récord nuevas ciudades, redes de transporte y un sistema de bienestar, hoy por hoy inalcanzable, que transmitan una imagen de país regenerado y próspero, todo ello al margen de la realidad diaria de muchos de los brasileños que se van ver afectados. La construcción de complejos deportivos, instalaciones turísticas y líneas de transporte necesarios para dar cobertura a todos los eventos venideros, ha desembocado en un liberalismo urbanístico con el que se pretenden beneficiar empresas urbanizadoras, estudios de arquitectura y paisaje, empresas internacionales de infraestructuras viarias, etc. Como si se tratara de un lienzo en blanco intentan diseñar ciudades con espacios públicos idílicos y modernos poco acordes con la realidad territorial de las ciudades. El problema es que lejos de ser espacios “en blanco”, estos territorios están ocupados y no pueden ser borrados del mapa de un plumazo. El poco tiempo del que se dispone, pues no parece haber hueco para otras alternativas, hace que se haya optado por la vía de la rapidez y la falta de delicadeza para con sus compatriotas.

Muchos complejos de favelas sufren paulatinas demoliciones y desalojos bajo la justificación de los programas de reasentamiento municipales que aseguran una nueva vivienda para estas familias, un sistema de indemnizaciones y unos servicios públicos de mayor calidad (bases del Programa Municipal “Morar Carioca”). En este sentido, tratar de ofrecer una vida mejor a los ciudadanos parece una decisión loable y totalmente razonable. Sin embargo, las causas que lo motivan no son puramente sociales sino que responden en muchos casos a otros intereses distintos. Gran parte de las personas que viven en estas zonas quieren continuar viviendo en ellas, insistiendo eso sí en la mejora de los servicios públicos básicos. En muchas de estas áreas existen movimientos sociales, culturales y comerciales fuertemente arraigados que permiten a las personas identificarse con su alrededor e implicarse en los problemas que van surgiendo con el paso del tiempo. Se crea así una fuerte e intensa sensación de comunidad en la que prevalece la unión de sus habitantes para conseguir el bien común.

Donde con mayor intensidad se está viviendo este “enfrentamiento” o desencuentro de posiciones es en la conocida “cidade maravilhosa”, en Rio de Janeiro. Los próximos Juegos Olímpicos han llevado al Gobierno de la Unión y al Servicio Municipal de Vivienda (Serviço Municipal de Habitação) a ejecutar con dureza y frialdad los programas de renovación urbanística . Por un lado, se aleja al ciudadano de su posición de agente interventor en las decisiones del futuro de la ciudad y, por otro, se le desvincula de un acontecimiento tan importante como son los juegos. Además, en el intento por acabar con los grupos de narcos y las redes de corrupción existentes se ha ido avanzando progresivamente hacia la militarización de los complejos, que lejos de crear mayor seguridad, agrava la desconfianza de los cariocas. En respuesta a todo ello han surgido diversos movimientos de ciudadanos que tienen por objetivo hacerse oír y modificar, en la medida de lo posible, las decisiones aprobadas para los programas urbanísticos.

  1. Vila Laboriaux. Este asentamiento, situado cerca de la conocida Favela Rocinha, ha creado un movimiento social de auto-planeamiento basado en el envío de propuestas de colaboración y participación ciudadana en el proceso de regeneración urbanística. Demandan una renovación justa que tenga una implicación social, pues es una zona marcada por la analfabetización y la delincuencia. Además exigen un diagnóstico socio-ambiental independiente, un urgente sistema de alcantarillado o de evacuación de aguas residuales y un acuerdo para conseguir que los habitantes no tengan que cambiar de vivienda y además puedan establecerse como propietarios legales de las escrituras.

  1. Vila Autódromo. La “Vila Autódromo” se presenta como un pequeño complejo en las inmediaciones del Autódromo y el Lago de Jacarepaguá. Destaca por haber elaborado, en colaboración con la Universidad Federal de Rio de Janeiro, un Plan Popular de Urbanización que aún no ha obtenido respuesta por parte de la alcaldía. En este barrio se están realizando demoliciones dispersas y nocturnas para tratar de no llamar la atención de los vecinos, lo cual responde a una estrategia de la corporación local para justificar el plan de realojamiento. Desde el “Movimento Nacional de la Luta pela Moradia” y “Favela Não se Cala”, con centros de reunión en este complejo, se pretende lograr que el derecho a la propiedad de la vivienda sea un derecho constitucional.

  2. Complejo Alemão. Es uno de los asentamientos más conflictivos y cuyos problemas han trascendido de las fronteras brasileñas. Durante los últimos años se han realizado importantes operaciones de eliminación de los narcotraficantes, habiendo sido siempre intervenciones muy agresivas que han paralizado por completo la vida de este complejo. Se ha reducido notablemente la presencia de estas bandas y se ha conseguido pacificar uno de los barrios con más problemas de la ciudad. No obstante, la presencia continua de militares, policías o agentes de los cuerpos especiales ha llevado a un exceso de restricción en determinados espacios públicos. También se están produciendo demoliciones y desalojos de familias en concordancia con el plan aprobado. En contrapartida, asociaciones como “Ocupa Alemão” o “Ocupa Borel” han puesto en marcha diversas iniciativas que tratan de mostrar el poder comunitario y social de estas zonas: bibliotecas, mercados de intercambio, debates sobre los derechos de la ciudadanía, manifestaciones, etc.                                                          Reunión Complexo Alemão

Diagnóstico socioambiental Vila Laboriaux

Reunión de vecinos e integrantes de la ONG “Raízes em Movimento” en el “Complexo Alemão”(izquierda) y resultado del proceso de debate y del diagnóstico socio-ambiental de “Vila Laboriaux” (derecha). Fuente: http://www.rioonwatch.org

Se presentan nuevas propuestas, se plantean soluciones comunitarias, se realizan debates y diálogos sobre el devenir de las favelas y lo que es más importante, existe una gran voluntad por participar del proceso de cambio que se avecina para estas zonas. Se sienten implicados en ello y se reconocen como elementos indispensables para conseguir un mejor futuro en estas zonas. ¿Es lógico, por tanto, que se aleje al ciudadano de los planes puestos en marcha? Si uno presta atención detenidamente se puede observar como han aparecido numerosos movimientos y colectivos que pretenden unir sus fuerzas para convertirse en un pilar más sobre el que sostener la evolución de sus barrios y en definitiva de sus ciudades. Seguramente se enriquecería y ganaría mayor apoyo social si el proceso de cambio abarcara más voces y propuestas, si fuera más plural y comprehensivo de lo que es en la actualidad. Mejoraría, de algún modo, la proyección internacional hacia otros países y organismos. Más allá de mostrarse como un país moderno y avanzado frente al mundo, Brasil tiene la oportunidad de plantear nuevas formas de gestionar “la cosa” pública. Tiene el potencial y la voluntad y esperanza ciudadanas. Lejos de ser solo focos de violencia y corrupción, las favelas y sus habitantes se están abriendo al mundo, están dejando de ser ecosistemas urbanos aislados para convertirse en centros de producción de ideas, en motores de cambio y en un símbolo inequívoco de lo que significa la palabra “União”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s